Esta leyenda nacida en Guayaquil, Ecuador tiene como protagonista a una mujer cuyo destino fue sellado tras asesinar a su esposo español.
Está acción condenó a la viuda a vagar tras su muerte cerca de un árbol de tamarindo por la hacienda de Quinta Pareja, llorando la memoria de su esposo hasta el fin de los días.
Se dice que tras su muerte a la mujer se le solía ver cerca del árbol, distante de todos y apegada al sitio, de hecho cuenta la leyenda que por esos lugares solían pasar personas cuya afición era beber, y que al recorrer los senderos del recinto, lograban escuchar a la lejanía el sollozo de una mujer quebrada sentimentalmente hablando, pero no se dejaba ver.
Dicha mujer portaba un vestido negro y un velo que le cubría el rostro, los viajeros y bebedores aseguraban que al verla está no lloraba sino que simplemente seguía su camino hacia el árbol de tamarindo.
Dotada con una belleza descomunal no fueron pocos los aventurados que decidían seguirla para cortejarla, está los guiaba hasta el árbol donde terminaba por seducirlos y una vez llegaba el momento de destaparle el rostro, todos quedaban horrorizados pues el bello rostro que asomaba tras el lúgubre velo se desvanecía dejando en su lugar un rostro esquelético, que orillaba las emociones de terror al borde del colapso causando una muerte instantánea en todo aquel que la veía, dejando como escenario del acontecimiento la soledad del árbol que cobijaba su espíritu cada noche.

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