Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía

Lo que dejé por ti- Rafael Alberti

Dejé por ti mis bosques, mi perdida arboleda, mis perros desvelados, mis capitales años desterrados hasta casi el invierno de la vida. Dejé un temblor, dejé una sacudida, un resplandor de fuegos no apagados, dejé mi sombra en los desesperados ojos sangrantes de la despedida. Dejé palomas tristes junto a un río, caballos sobre el sol de las arenas, dejé de oler la mar, dejé de verte. Dejé por ti todo lo que era mío. Dame tú, Roma, a cambio de mis penas, tanto como dejé para tenerte.

Nocturno- Rafael Alberti

Deja ese sueño. Envuélvete desnuda y blanca, en tu sábana. Te esperan en el jardín tras las tapias. Tus padres mueren, dormidos. Deja ese sueño. Anda. Tras las tapias, te esperan con un cuchillo. Vuelve de prisa a tu casa. Deja ese sueño. Anda. En la alcoba de tus padres entra desnuda, en silencio. Corre de prisa a las tapias. Deja ese sueño. Sáltalas. Vente. ¿Qué rubí hierve en tus manos y quema, negro, tu sábana? Deja ese sueño. Anda. … Duérmete.

“Amo, Amas”- Rubén Darío

Amar, amar, amar, amar siempre, con todo el ser y con la tierra y con el cielo, con lo claro del sol y lo oscuro del lodo; amar por toda ciencia y amar por todo anhelo. Y cuando la montaña de la vida nos sea dura y larga y alta y llena de abismos, amar la inmensidad que es de amor encendida ¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!

La luna asoma- Federico García Lorca

Cuando sale la luna se pierden las campanas y aparecen las sendas impenetrables. Cuando sale la luna, el mar cubre la tierra y el corazón se siente isla en el infinito. Nadie come naranjas bajo la luna llena. Es preciso comer fruta verde y helada. Cuando sale la luna de cien rostros iguales, la moneda de plata solloza en el bolsillo.

Oda al Libro II- Pablo Neruda

Libro hermoso, libro, mínimo bosque, hoja tras hoja, huele tu papel a elemento, eres matutino y nocturno, cereal, oceánico, en tus antiguas páginas cazadores de osos, fogatas cerca del Mississipi, canoas en las islas, más tarde caminos y aminos, revelaciones, pueblos insurgentes, Rimbaud como un herido pez sangriento palpitando en el lodo, y la hermosura de la fraternidad, piedra por piedra sube el castillo humano, dolores que entretejen la firmeza, acciones solidarias, libro oculto de bolsillo en bolsillo, lámpara clandestina, estrella roja. Nosotros los poetas caminantes exploramos el mundo, en cada puerta nos recibió la vida, participamos en la lucha terrestre. ¿Cuál fue nuestra victoria? Un libro, un libro lleno de contactos humanos, de camisas, un libro sin soledad, con hombres y herramientas, un libro es la victoria. Vive y cae como todos los frutos, no sólo tiene luz, no sólo tiene sombra, se apaga, se deshoja, se pierde entre las calles, se desploma en la tierra. Libro de poesí...

Oda al Libro I- Pablo Neruda

  Libro, cuando te cierro abro la vida. Escucho entrecortados gritos en los puertos. Los lingotes del cobre cruzan los arenales, bajan a Tocopilla. Es de noche. Entre la islas nuestro océano palpita con sus peces. Toca los pies, los muslos, Las costillas calcáreas de mi patria. Toda la noche pega en sus orillas y con la luz de día amanece cantando como si despertara una guitarra. A mí me llama el golpe del océano. A mí me llama el viento, y Rodríguez me llama, José Antonio, recibí un telegrama del sindicato «Mina» y ella, la que yo amo (no les diré su nombre), me espera en Bucalemu. Libro, tú no has podido empapelarme, no me llenaste de tipografía, de impresiones celestes, no pudiste encuadernar mis ojos, salgo de ti a poblar las arboledas con la ronca familia de mi canto, a trabajar metales encendidos o a comer carne asada junto al fuego en los montes. Amo los libros exploradores, libros con bosque o nieve, profundidad o cielo, pero odio el libro araña en donde el pensamiento fue ...

Un soneto- Lope de Vega

                                                          Un soneto me manda hacer Violante que en mi vida me he visto en tanto aprieto; catorce versos dicen que es soneto; burla burlando van los tres delante. Yo pensé que no hallara consonante, y estoy a la mitad de otro cuarteto; mas si me veo en el primer terceto, no hay cosa en los cuartetos que me espante. Por el primer terceto voy entrando, y parece que entré con pie derecho, pues fin con este verso le voy dando. Ya estoy en el segundo, y aun sospecho que voy los trece versos acabando; contad si son catorce, y está hecho.

Te ofrezco- Paul Verlaine

 Te ofrezco entre racimos, verdes gajos y rosas, Mi corazón ingenuo que a tu bondad se humilla; No quieran destrozarlo tus manos cariñosas, Tus ojos regocije mi dádiva sencilla. En el jardín umbroso mi cuerpo fatigado Las auras matinales cubrieron de rocío; Como en la paz de un sueño se deslice a tu lado El fugitivo instante que reposar ansío. Cuando en mis sienes calme la divina tormenta, Reclinaré, jugando con tus bucles espesos, Sobre tu núbil seno mi frente soñolienta, Sonora con el ritmo de tus últimos besos.

Si tú me olvidas

Quiero que sepas una cosa. Tú sabes cómo es esto: si miro la luna de cristal, la rama roja del lento otoño en mi ventana, si toco junto al fuego la impalpable ceniza o el arrugado cuerpo de la leña, todo me lleva a ti, como si todo lo que existe, aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que navegan hacia las islas tuyas que me aguardan. Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme dejaré de quererte poco a poco. Si de pronto me olvidas no me busques, que ya te habré olvidado. Si consideras largo y loco el viento de banderas que pasa por mi vida y te decides a dejarme a la orilla del corazón en que tengo raíces, piensa que en ese día, a esa hora levantaré los brazos y saldrán mis raíces a buscar otra tierra. Pero si cada día, cada hora sientes que a mí estás destinada con dulzura implacable. Si cada día sube una flor a tus labios a buscarme, ay amor mío, ay mía, en mí todo ese fuego se repite, en mí nada se apaga ni se olvida, mi amor se nutre de tu amor, amada, y mientras vivas est...

Tras los pasos de Luna

 Tras las manchas de una noche cubierta de nubes, Es que vi tu mirada apacible,  Conectamos la vida, de aquel desconsuelo, que daba un certero camino de esperanza. Fui el sendero de tú amplia senda, Y tú ese techo que mi alma templa, Fuiste sincera y me diste en prenda, El amor y cariño que mi ser desea, Y así pasamos a vernos como un jardín, Que reverdece en primavera, tras el pasar del tiempo, Hojas secas en otoño, y el calor en un invierno, Fuimos amigos siempre, y compañeros de travesías, Fuimos arte si nos vemos, travesuras si querías, Fuimos el primer aliento tras las madrugadas frías, Fuimos las caricias del tiempo, al paso de las veladas baldías. Fuiste paz para mis ojos, Fuiste luz en mi obscuridad, Consejera por las noches al salir a caminar, Fuiste el karma y sus reproches, El amor y su verdad, Y hoy eres musa en el templo de mi realidad. Hoy tras los trazos de luna, Me abunda la claridad, Que hoy tras tus claros luna, Aúlla mi humanidad, Más siempre me quedan los p...

MADRIGAL - GUTIERRE DE CETINA

  Ojos claros, serenos,  si de un dulce mirar sois alabados, ¿por qué, si me miráis, miráis airados?  Si cuanto más piadosos, más bellos parecéis a aquel que os mira, no me miréis con ira, porque no parezcáis menos hermosos. ¡Ay tormentos rabiosos! Ojos claros, serenos, ya que así me miráis, miradme al menos.

Pasa y olvida- Rubén Darío

Peregrino que vas buscando en vano un camino mejor que tu camino, ¿cómo quieres que yo te dé la mano, si mi signo es tu signo, Peregrino? No llegarás jamás a tu destino; llevas la muerte en ti como el gusano que te roe lo que tienes de humano... ¡lo que tienes de humano y de divino! Sigue tranquilamente, ¡oh, caminante! Todavía te queda muy distante ese país incógnito que sueñas... Y soñar es un mal. Pasa y olvida, pues si te empeñas en soñar, te empeñas en aventar la llama de tu vida.

A un olmo seco- Antonio Machado

  Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido. ¡El olmo centenario en la colina que lame el Duero! Un musgo amarillento le mancha la corteza blanquecina al tronco carcomido y polvoriento. No será, cual los álamos cantores que guardan el camino y la ribera, habitado de pardos ruiseñores. Ejército de hormigas en hilera va trepando por él, y en sus entrañas urden sus telas grises las arañas. Antes que te derribe, olmo del Duero, con su hacha el leñador, y el carpintero te convierta en melena de campana, lanza de carro o yugo de carreta; antes que rojo en el hogar, mañana, ardas en alguna mísera caseta, al borde de un camino; antes que te descuaje un torbellino y tronche el soplo de las sierras blancas; antes que el río hasta la mar te empuje por valles y barrancas, olmo, quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida. Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro mila...

Madrigal- Federico García Lorca

 Yo te miré a los ojos cuando era niño y bueno. Tus manos me rozaron Y me diste un beso. (Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.) Y se abrió mi corazón Como una flor bajo el cielo, Los pétalos de lujuria Y los estambres de sueño. (Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.) En mi cuarto sollozaba Como el príncipe del cuento Por Estrellita de oro Que se fue de los torneos. (Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.) Yo me alejé de tu lado Queriéndote sin saberlo. No sé cómo son tus ojos, Tus manos ni tus cabellos. Sólo me queda en la frente La mariposa del beso. (Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.)                                      -Federico García Lorca

Un poema de Amado Nervo

El amor es una experiencia universal que nos conmueve a todos, pero a veces no hallamos las palabras adecuadas para expresarlo. A lo largo de la historia los poetas han sabido decir aquello que todos sentimos de formas creativas y elocuentes. Y uno de los más grandes poetas es Amado Nervo, que con sus palabras y escritos ponía a vibrar a más de uno, por ello hoy te presentamos un bello poema que habla sobre los ojos, y en parte lo que estos reflejan como un espejo hacia otros que los miran. Madrigal Por tus ojos verdes yo me perdería, sirena de aquellas que Ulises, sagaz,  amaba y temía. Por tus ojos verdes yo me perdería. Por tus ojos verdes en lo que, fugaz, brillar suele, a veces, la melancolía; por tus ojos verdes tan llenos de paz, misteriosos como la esperanza mía; por tus ojos verdes, conjuro eficaz, yo me salvaría.

Amor y más... Poema 1

                                                      -MIRAR-   Y he notado al destino de frente, Camino sin ver, perdido por ser, Aquello que no viví Y aquello que queda en la mente, Y trazo en la piel el ocaso, Más puedo vivir del abrazo que no he comprendido jamás. Y juro seguir sin fracasos, sin miedo a perderme tras la obscuridad, Que todo conlleva un vistazo, que marca ésta alma en pedazos jurando volver a volar, No huyó del tiempo ni de fragmentos, más miento si digo que siento a la soledad, Más mira hacia adentro, de un corazón muerto por la vanidad,  Y dame un tormento que se acople por dentro con la humanidad, ¡Que solo yo siento, tras ver qué tú has vuelto a mirar atrás! A.M. 

Soneto 22

Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo, sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura, en regiones contrarias, en un mediodía quemante: eras sólo el aroma de los cereales que amo. Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa en Angola, a la luz de la luna de Junio, o eras tú la cintura de aquella guitarra que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido. Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria. En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato. Pero yo ya sabía cómo era. De pronto mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida: frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas. Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.

No te salves- Mario Benedetti

No te quedes inmóvil al borde del camino no congeles el júbilo no quieras con desgana no te salves ahora ni nunca no te salves no te llenes de calma no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo no dejes caer los párpados pesados como juicios no te quedes sin labios no te duermas sin sueño no te pienses sin sangre no te juzgues sin tiempo pero si pese a todo no puedes evitarlo y congelas el júbilo y quieres con desgana y te salvas ahora y te llenas de calma y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo y dejas caer los párpados pesados como juicios y te secas sin labios y te duermes sin sueño y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas entonces no te quedes conmigo .

Un poema con aroma de café

  En estos tiempos tan alocados hemos visto que para el avance cotidiano hay una bebida que nos suele acompañar, y es el café, elixir de color negro que guarda misterios en su sabor, así que queremos hacerle un homenaje al puro estilo de un romántico, por ello hoy les compartimos un poema de un escritor anónimo, que deja ver en sus mejores palabras un amor a esta bebida que a muchos satisface para avanzar en su día a día. Nicomedes Santa Cruz Tengo tu mismo color Y tu misma procedencia. Somos aroma y esencia Y amargo es nuestro sabor. Tú viajaste a Nueva York Con visa en Bab-el-Mandeb, Yo mi Trópico crucé De Abisinia a las Antillas. Soy como ustedes semillas. Son un grano de café. En los tiempos coloniales Tú me viste en la espesura Con mi liana a la cintura Y mis abóreos timbales. Compañero de mis males, Yo mismo te trasplanté. Surgiste y yo progresé: En los mejores hoteles Te dijeron ¡qué bien hueles! Y yo asentí “¡uí, mesié!”. Tú: de porcelana fina, Cigarro puro y cognac. Yo de ...