Tan apegada a los vientos de otoño,
Otro verso en el torzo del tronco,
Que trunca la vida de su pelo miel,
Otro beso de fuerza vacía,
Que ansía con ganas volver a nacer,
Tan apegada al fuego que afronta,
Que frota su vida contra la de el,
Dejándole marcas de un duelo compuesto,
De un amor siniestro que eriza la piel,
Tan destrozada que mirando al cielo,
Guarda sus anhelos en el carrusel,
De plantas sin vida que brotan del suelo,
De heridas silentes que cuentan su andén,
Tan distanciada del agua en sus dedos,
Que busca refugio en lluvias de llanto,
Que busca caricias en el dulce manto,
De un charco formado por su tenue canto,
Teniendo la vida cercada sin ver,
Que el tiempo en sus manos está por ceder,
Una vida nueva tras secar su ser,
Una historia cerca del frío del amanecer.

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