Al igual que el hombre del saco y el coco, este mítico personaje se caracteriza por ser un espantador de niños dentro del folclore hispánico.
Esta Leyenda encuentra su origen en la región de Cataluña, España, durante el periodo de la Edad Media, se trata de un hombre asesino de niños y de mujeres a quienes mata para extraerles la grasa corporal para la elaboración de ungüentos, de ahí su nombre.
Durante siglos existió la creencia de que la grasa corporal, principalmente cuando se trataba de jóvenes saludables, poseía cualidades curativas que solo determinadas personas eran capaces de usar. De ahí surge la Leyenda, se creía que se trataba de un vendedor ambulante que aprovechaba cuando algún chaval o una moza se descuidaba tomando algún camino solitario para seguir sus pasos sigilosamente esperando la oportunidad, el momento preciso para actuar y extraer la grasa de sus cuerpos tras haberles arrebatado la vida.
Una versión plantea que se trataba de un hombre víctima de una avanzada tuberculosis que le estaba arrebatando la vida, así que para combatirla decide hacerlo con ungüentos hechos a base de la grasa de niños inocentes a quienes secuestraba para después matarlos y extraer de sus pequeños cuerpos el tan anhelado ingrediente que le permitiría prolongar su vida.
Semidormida en los anales del tiempo la Leyenda resurge con fuerza durante el siglo XIX, al ocurrir varias muertes que sugieren el proceder criminal de este mítico personaje. Aunque en realidad se trata de varios asesinos que utilizan un método similar entre los cuáles destaca el caso de Juan Díaz de Garayo, quien entre 1870 y 1879 violó y asesino hasta donde se sabe a 6 mujeres que iban de los 11 a los 55 años, siendo 4 de ellas prostitutas.
Al parecer fue tras la muerte de su primera esposa que comienza con su carrera criminal, en abril de 1870, siendo su primera víctima una prostituta conocida como la Valdegoviesa en la región de la Llanada Alavesa y al año siguiente asesina a la que sería su segunda víctima, otra prostituta; sin embargo su tercera víctima es una adolescente, mientras que en el caso de la cuarta vuelve a ser una prostituta.
En 1873 y 1874 vuelve a atacar, de nueva cuenta a una prostituta y a una vieja mendiga, en ambos casos las víctimas logran escapar con vida, tomando el asesino un receso de cuatro años, para volver a surgir en 1878 con dos ataques sin consecuencias fatales, no obstante en 1879 da una horrible muerte a una joven campesina a la que destripa alimentando de nueva cuenta la Leyenda del Sacamantecas; solo transcurrirían dos días desde ese horrible crimen para llegar a su sexta y última víctima, una joven prostituta a la que violaría y mutilaría de forma grotesca antes de acabar con su vida estrangulándola. Tras este brutal crimen finalmente fue reconocido gracias a las descripciones de su persona hechas por las víctimas que sobrevivieron fue detenido por la policía en 1880.
Tras la deliberación de su proceso fue sentenciado a muerte, ejecutado en el garrote vil en 1881, dejando detrás de él una estela de horror que prevalece hasta nuestros días.

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