Esta leyenda se remonta a la Francia monárquica durante los tiempos turbulentos de Catalina de Médici tras la muerte de su esposo el rey Enrique II. La historia refiere que hacia el año de 1563, la reina madre ordenó al arquitecto Philibert de l'Orme, edificar un palacio en el centro de París con la intención de que el mismo le sirviera como casa de retiro lejos del tumulto de la corte (situada en el cercano Louvre), pero a la vez lo suficientemente cerca para mantener su influencia política. Este palacio se levantaría en la zona de las "tuiles", fábricas de tejas que se encontraban en el lugar y que serían derruidas para permitir la edificación del palacio; de ahí su nombre "Palais des Tuileries" (Palacio de las Tejerías) o de las Tullerías como lo conocemos actualmente.
Aquí es donde comienza nuestra Leyenda, como ocurre con la mayoría de las mismas de ésta existen varias versiones. La primera refiere que en la zona de las fábricas de tejas había también viviendas, al ser emplazados los habitantes de las mismas para retirarse la mayoría lo hizo de forma resignada, sin embargo un carnicero de nombre Jean pensó que podría obtener una generosa compensación por lo que consideraba era su propiedad, hecho que lo llevaría a pagar su afrenta con su vida, otra versión nos cuenta que Jean L'Écorcheur (El Despellejador) era un asesino a sueldo a servicio de Enrique II y otra nos dice que lo era pero al servicio de Catalina, cualquiera que haya sido el supuesto Jean es asesinado por orden de la reina, dando paso al espectro conocido como "el hombre rojo de las Tullerías".
El común denominador que tienen estás historias entre sí es el hecho de que Jean, poseía demasiada información delicada de la reina, como carnicero la habría obtenido espiando las acciones de Catalina. Como asesino al servicio de Enrique II, poco a poco se fue ganando la confianza del monarca quien llegaría a revelarle varios secretos en confidencia. Como asesino al servicio de la reina Jean era implacable, sinestro y sin escrúpulos, se hacía cargo de realizar el trabajo sucio de una forma paradójicamente limpia e impecable, no obstante entre más se ensuciaba las manos con la sangre de sus víctimas más secretos obtenía del proceder de Catalina y esto lo volvía peligroso para la misma, por lo que sin más decidió acabar con su vida a través de un asesino de nombre De Neuville.
La Leyenda cuenta que una vez caída la noche Neuville se ocultó entre las sombras de una calle de las Tullerías esperando pacientemente a que Jean estuviera a su alcance, y una vez que lo tuvo cerca se le abalanzó asestándole varias puñaladas con un estilete, a pesar de ofrecer toda la resistencia que pudo Jean quedó tendido agonizante en un creciente charco de sangre, sin embargo esto no le impidió recriminar a su atacante "¡Malditos seáis, vos y vuestros amos! ¡Volvere!" exhalando con estas palabras su último aliento, para finalmente desplomarse ante los ojos de Neuvelle, quién tuvo que salir huyendo a ocultarse tras escuchar que alguien se acercaba.
Sin embargo, Neuvelle se encontraba mortificado, sentía que algo no andaba bien y esta sensación se volvió más grande al sentir una mirada clavándose en su nuca, al volverse asombrado vio a Jean cubierto de sangre, de pie a escasos tres pasos de su persona, que lo miraba fijamente por lo que sacando su espada arremetió en su contra en tres ocasiones traspasándolo sin ocasionarle ningún daño, para posteriormente desaparecer en una bruma roja sin proferir palabra alguna; por esta razón, Neuville, creyendo que se trataba de una mala broma de su mente decidió volver al lugar en que el que había enfrentado Jean para corroborar su muerte, pero al llegar al mismo se dio cuenta aterrorizado de que el cuerpo no estaba, solamente prevalecía un gran chaco de sangre como prueba de su cometido.
Ante esta situación se dirigió apresurado para avisar a la reina, quién de inmediato ordenó a sus hombres buscar a Jean para rematarlo, hecho que no rindió fruto alguno, pues por más que buscaron no lograron encontrarlo, por lo que la reina dio por cerrado este episodio.
No obstante y al cabo de unos días la reina recibiría la visita de su astrólogo personal Cosme Ruggieri, quién acudía ante ella para relatarle que había tenido un encuentro con un hombre ensangrentado que había predicho la muerte de la reina y una serie de desgracias que caerían sobre los propietarios del Palacio. Aquél hombre le había dicho al astrólogo que la reina moriría cerca de Saint-Germain; y probablemente estas palabras abrían pasado desapercibidas de no ser por el hecho de que aquél hombre ensangrentado se hizo presente ante la reina en sus aposentos, ella al verlo gritó y al ser asistida por sus damas solo alcanzó a murmurar "¡El Hombre Rojo!" antes de desmayarse.
Al poco tiempo la reina abandonaba el Palacio de las Tullerías pretendiendo huir de su destino, ya que el mismo se encontraba cerca de un lugar llamado Saint-Germain, no obstante y a pesar de que la misma muere varios años después en el castillo de Blois, como consecuencia de una gripe que derivó en pleuresía, la misma no logró escapar a su destino, ya que el joven sacerdote enviado para darle la extremaunción respondía al nombre de Laurent de Saint-Germain, muriendo a su lado en 1589. Fueron muchas las personas que refirieron haber visto al Hombre Rojo en las inmediaciones del Palacio de las Tullerías el día que la reina murió.
De ahí no es sino hasta 1610 que se vuelve a ver al espectro el día de la coronación de María de Médici, un día antes del asesinato de Enrique IV. A partir de este momento el Hombre Rojo se manifestó en múltiples ocasiones; el astrólogo de la reina Catalina había dicho que el espíritu de Jean había quedado condenado a embrujar el palacio hasta que este fuera destruido.
Las apariciones del Hombre Rojo fueron constantes durante el reinado de Luis XIV, tanto en Versalles como en el campo de batalla, presagiando fatalidad. Se dice que una noche del año de 1792 se hizo presente a María Antonieta, para posteriormente volver a presentarse ante ella el día anterior a caída del palacio en manos de los revolucionarios; dejándose ver durante la República y el Imperio.
Cuenta la Leyenda que tocado con un sombrero rojo siguió a Napoleón a Egipto pronosticando su victoria, sin embargo también lo visitó previo a la fatídica incursión que realizó a Rusia y un día antes de la batalla de Waterloo-
Finalmente en el mes de marzo de 1871. el Palacio de las Tullerías fue incendiado, se dice que el fuego duró 48 horas, mientras el palacio se quemaba varios testigos refirieron haber visto el espectro de un hombre cubierto de sangre envuelto en una neblina roja, que alzaba los brazos hacia la multitud para finalmente desaparecer.

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