Durante la Edad Media hubo distintos ejercicios y formas de demostrar la destreza y honor de un caballero, una de estás fueron las "Justas", las cuales constaban de enfrentar a dos caballeros a caballo uno al lado opuesto del otro, y corriendo en dirección a la embestida, los caballeros se golpeaban con lanzas, conocidas como lizas, hechas de madera con la única intención de derribar a su oponente, poner en lo alto su blasón y así ganar el favor de Dios y de su Honor.
Estos campeonatos tuvieron presencia desde el siglo XIII hasta el siglo XVI, y se cree que cerca del 1400 los participantes se encontraban separados por barreras o vallas, a las que se les llamaban "tilt" y por eso en ocasiones al campeonato se le conocía como "tilting".
Durante las competencias, los caballeros participantes, llevaban sus campañas frente a la multitud, que yacía sobre templates, casas de campaña, palcos y balcones, espectantentes de los acontecimientos, cabe recalcar que la nobleza junto con la Corona se presentaban a ver las Justas, y así aparte de los favores concedidos tras la victoria, también eran el cortejo de las damas que podían otorgar prendas y objetos de las mismas, como prueba de respeto, amor o orgullo, tras las hazañas de los contendientes, y estás podían ser desde las damas pertenecientes al más bajo estatus social, hasta las damas de la Corona y sus acompañantes.
El juramento y los Blasones
Durante las inscripciones de competencias, se tenía una tienda de campaña, en dónde un calificado de la corte, juzgaba los valores para la participación, ya que si el interesado corría con una reputación dudosa en sus travesías o había perdido su honor, tras batallas conflictos o simplemente se le había revocado el título de caballero y blasón, y por consecuencia no era perteneciente al gremio de caballero, su participación no era posible, ya que se consideraba una ofensa para el evento, es por ello que durante estás contiendas muchos optaban por participar anónimamente y evitar dar su procedencia, hasta concluir las justas y ver si eran dignos de recuperar su honor.
Al llegar al registro, que mayormente se realizaba en eventos importantes de la Corona, como bodas, conquistas o tratos beneficiosos con los vecinos de las tierras cercanas, se buscaba la procedencia del blasón, linaje y hazañas, si el participante contaba con un doble título condecorado, como el servicio a dos casas de caballería hermanadas o dos blasones por medio de la unión de las familias, el caballero podía elegir el blasón y renombre de la tierra como se presentaría.
Una vez lista la tarea de su título, por parte de los auditores de la corte, llegaba la hora del juramento, el cual era realizado en una ceremonia breve pero de gran importancia, ya que el valor de las hazañas eran en nombre del honor de aquel aspecto que defenderían con su vida en el campo de batalla, aunque muchos optaban por jurar y dedicar su triunfo a la Corona, no era el único juramento que se sostenía, ya que otros preferían jurar por las tierras de su amanecer, el honor de su linaje, las bellas damas de la corte o por el amor de su vida y mano de su doncella.
La ceremonia podía llevarse acabo durante su presentación al público, en la carpa de inscripción o en el salón del trono, dónde darían fe de su palabra al Rey.
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