Tras los acontecimientos de el mito de Osiris, Anubis paso a ser una deidad vista como aquel que guarda los secretos del embalsamamiento, esto por el cuidado que este tuvo al momificar a Osiris, desde entonces Anubis fue visto como dios embalsamador, ante los ojos de los Egipcios, y esto derivo en su representación al lado de las momias y sarcófagos, tomando una postura encorvada, manipulando los cadáveres.
Así fue como empezó el mítico rito, que se llevaría acabo con más fuerza expandiéndose a la población en general. Hubo una serie de epítetos que destacaban las acciones de Anubis los cuales fueron, "Jefe del Pabellón de Divino" y "Jefe de la Casa de la Purificación", así el culto a los muertos emprendía su trayecto a través de las regiones, acabando en parte con las grandes Necrópolis de la zona y dando un justo final al pueblo y guerreros del lugar, sin embargo no fue hasta que Heródoto, historiador griego del siglo V a.C., dio a conocer en sus escritos, el manejo de esta técnica, develando un poco más sobre este misterio.
Por su parte Diodoro de Sicilia, cuatro siglos después dio a conocer con más detalle y descripción e la casta de sacerdotes que desempeñaban la tarea.
Heródoto contaba en sus escritos, que los embalsamamientos llevados acabo variaban dependiendo de la importancia o poder adquisitivo que el difunto sometido al procedimiento tenía en vida. Todo esto ocurría una vez que la familia del difunto acudía con el cuerpo a la casa de la purificación, dónde era recibido, para llevar un camino de procesos y ritos regulados durante 70 días, el difunto era arreglado mediante a despendios que la familia otorgaba.
Una vez iniciado el proceso de embalsamamiento, los sacerdotes debían llevar puestas unas máscaras de chacal, con el fin de personificar a Anubis, y repetían invocaciones al dios. Durante la parte final del proceso, que consistía en el vendaje y colocación de amuletos protectores, los sacerdotes de Anubis recitaban unos textos de carácter mágico-religioso.
Una vez embalsamado el cadáver, familia, amigos y plañideras acompañaban al difunto en su último viaje hacia la tumba por una vía ceremonial. Es muy probable que el sacerdote que oficiara esta ceremonia de enterramiento también personificara al dios Anubis.
El sacerdote sem (sacerdote funerario) purificaba entonces el cadáver y procedía al ritual de la "Apertura de la boca". Pronunciaba unas palabras mágicas e iba tocando, con la ayuda de un instrumento (una azuela), la boca, los ojos, la nariz y los oídos de la momia. El difunto podía así recuperar los sentidos para contemplar el mundo de los vivos y recibir las ofrendas que le estaban destinadas.
Y así como último requisito el muerto debía viajar a la Necrópolis, dónde su juicio le esperaba y el guía lo acompañaría. Tal fue el hecho que en las últimas instancias de la cultura Egipcia, se llegó a tomar la postura de Anubis, como un dios sin sentimientos y bastante cruel a la hora del juicio, se considero que incluso se opuso al viaje seguro de los faraones, llegando a enjuiciarlos sin tener piedad alguna, este hecho dió paso a qué muchos de los faraones fueran embalsamador con sus felinos, ya que estos eran los únicos que podían escabullirse y hacerle frente al dios por medio de la unión de dos mundos.
Pese a esto el reconocimiento de la figura de Anubis, a llegado a ser tal que en muchos de los templos y pirámides se puede apreciar su fiel imagen tallada en piedra como guardián de las tumbas más importantes, haciendo referencia al juicio, guía y paso por la Necrópolis, sin duda está es una de las deidades más representativas y con una de las historias más extensas de esta cultura.

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