Durante nuestra infancia es normal que desarrollemos lesiones afectivas, la mayoría de estas provenientes del ambiente en que crecimos o el trato que recibimos por parte de nuestra familia. En la edad adulta estas heridas pueden provocarnos ansiedad, depresión, pensamientos obsesivos, inseguridad, trastornos alimenticios, problemas del sueño, etc. Pero sin duda el mayor problema es el como nos afecta en las relaciones personales y sentimentales.
1.- HERIDA DE TRAICION: Se puede dar principalmente cuando el niño se siente traicionado por los padres; promesas no cumplidas, mentiras, al no sentirse protegidos, dar preferencia a alguno de los hijos, ausencia de alguno de los padres por terceras personas, etc. Puede tener como consecuencia baja autoestima, frustración y envidia.
2.- HERIDA DE RECHAZO: Suele ser la mas común de todas y también una de las mas profundas, surge en los primero años de vida, partiendo del rechazo de los progenitores, la familia o la escuela. Produce ataques de pánico, miedo, ansiedad, pensamientos de no sentirse lo suficiente merecedor de afecto.
3.- HERIDA DE ABANDONO: Aparece al haber crecido en una soledad profunda con carencias de afecto. Al ser adulto se mantiene ese constante miedo y ansiedad a ser abandonado y rechazado, es común que estas personas busquen la aprobación de quienes los rodean, se apeguen rápidamente a sus parejas y se tenga inseguridad.
4.- HERIDA DE HUMILLACION: Esta herida se genera principalmente de las criticas, por ejemplo decirle a un niño que es malo para alguna actividad, torpe, compararlo constantemente con alguien mas, burlarse de el en algún aspecto, etc. Suele afectar primordialmente en el aspecto social.
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