Las gárgolas son figuras aladas que tienen sitio en las edificaciones con infraestructura gótica, como catedrales y antiguos edificios con diseño medieval e incluso virreinal, estas cuentan con una funcionalidad derivada de su significado en latín, la cuál saca a relucir un aspecto curioso, el cual es escupir agua, y esto se debe a qué sirven en gran parte de las inmensas estructuras como desagües, así durante las épocas de lluvia.
El origen de estas gárgolas proviene de la Edad Media, cuando el infierno era uno de los temas que más preocupaban a la sociedad, ya fuera a través del espesor del bosque o dentro de la misma comuna en la que se vivía. Las primeras gárgolas que se conocieron, fueron nombradas como "grifo" que hacía referencia a los seres fantásticos con forma de animal o mitad humanos.
LAS GÁRGOLAS EN LA MITOLOGÍA
Las gárgolas, entendidas como seres pertenecientes a la mitología, nacen a raíz de una leyenda de principios del siglo VII en la que el dragón Gargouille, solía devastar las regiones.
Gargouille, era descrito como un ser de cuello largo y reptilíneo, hocico delgado con potentes mandíbulas y dientes afilados, cejas fuertes y alas membranosas. Se caracterizaba por sus modales poco gratos: tragaba barcos, destruía todo aquello que se interponía en la trayectoria de su fiero aliento, y así ocasionaba grandes inundaciones.
Fue entonces cuando, Romanus, un sacerdote cristiano, dominó a la bestia con la señal de la cruz y la llevó a Rouen donde le cortó la cabeza y la colocó en lo alto del ayuntamiento.
GÁRGOLAS EN LA ARQUITECTURA
Fue a partir de la Edad Media que el arte gótico los arquitectos comienzaron a colocar en sus edificios la representación de estos seres, con cabeza y alas de dragón y un cuerpo casi humano, y cuya función era la de expulsar agua de lluvia de los tejados de dichos edificios, para de este modo actuar como un desagüe.
Principalmente se colocaban en las iglesias, y de ahí que todavía se conserven en lugares que son tan emblemáticos.
Su nombre se deriva del sonido que produce el agua, que se conoce como gargouiller.
En cuanto a la razón de por qué se utilizaban las gárgolas en las catedrales tienen varias razones. Se cuenta que podrían representar los demonios convertidos en piedra que huían de la iglesia y, por otro lado también se hablaba de que las gárgolas protegían a los feligreses que se encontraban dentro de las iglesias, puesto que su horroroso aspecto creía que ahuyentaba a los espíritus malignos.
En base a esta segunda interpretación de las gárgolas también están las quimeras. Figuras que no guardan la misma forma pero tienen la misma función.
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