El Bufón es toda aquella persona que hace reír con su genio, sus
gracias o sus desgracias. En un sentido histórico, los bufones, hombres o
mujeres, muchas veces niños, enanos o personas deformes o grotescas, han
ocupado un lugar privilegiado junto a reyes y poderosos. Sus habilidades
cómicas en pantomimas y
representaciones histriónicas o burlescas, su destreza en acrobacias, malabarismos y otros juegos, y muy en
especial su privilegio ante los poderosos para decir lo que a nadie le estaba
permitido pronunciar o reírse de quien nadie osaría hacerlo, han sido sus
características principales. Se les concede el insólito mérito de
humanizar al gran mandatario, haciéndole sentir, supuesta y temporalmente, como
un mortal más.
Según el Tarot, El Loco (Bufon) es un joven que combina
sabiduría e insensatez, hace las cosas rapido pero, curiosamente, están bien
hechas y es normal que sean así. Este aspecto alocado y juvenil es un símbolo
de la extraña naturaleza cuántica de la realidad
En la Edad Media, existían dos
tipos de bufones. Los
más afortunados, tenían la oportunidad de servir en palacio y dedicar sus esfuerzos a entretener al rey
y sus cortesanos. Por lo general, su actividad era remunerada con grandes
cantidades de dinero y se le otorgaba una vivienda para su residencia
permanente.
Y estaban los bufones
comunes y normales, que se veían obligados a viajar de una ciudad a otra,
haciendo lo propio de su arte, para conseguir alimentarse y sobrevivir. Este
grupo vivía en la extrema pobreza, pues generalmente no tenían en dónde residir
y subsistían por la caridad de quienes se compadecían de ellos.
Al bufón real se le daba comida y
hospedaje permanente y, si conseguía divertir
y hacer feliz al rey, su seguridad estaba garantizada y se
le pagaba muy generosamente.
El bufón
del rey no tenía una rutina establecida ni
horarios fijos para ganarse su sustento. Todo dependía del
estado de ánimo del rey. En ocasiones, era necesario que pasara todo el día
buscando cómo entretenerlo y alegrarlo. Otras veces, podían pasar varios días
sin que fuera requerida su presencia.
La vestimenta que solía utilizar reflejaba alegría y buen humor, era de colores brillantes y su cabeza, por lo general estaba cubierta con una capucha como la que usaban los monjes. También era común que el bufón usara un sombrero de tres puntas, popularmente conocido como el sombrero del tonto.



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