En invierno, tiempo de naranjas. Constituye una de las mejores
opciones para colmarse de energía y blindarse ante las
infecciones, puesto
que, por sus propiedades nutricionales, es un alimento con
múltiples beneficios para el sistema inmunitario.
Pero además ofrecen una enorme variedad de posibilidades para
experimentar en la cocina.
Las propiedades de este jugoso regalo del invierno tienen mucho
que ver con su vitamina C: proporciona toda la vitamina C que
se necesita al día. Este nutriente es esencial para la resistencia a las
infecciones, aumenta la absorción del hierro, el calcio y el fósforo y posee
propiedades antioxidantes.
Pero la vitamina C no es el único componente interesante. La fibra confiere
a la naranja propiedades digestivas y los flavonoides colaboran
con las vitaminas en el refuerzo del sistema inmunitario.
Las naranjas son también ricas en tiamina y
ácido fólico, dos
vitaminas del grupo B esenciales para la salud del sistema nervioso
Por sus propiedades y beneficios para la salud,
las naranjas deberían figurar en la dieta de todos, pero convienen
especialmente a quienes se encuentran bajos de defensas y se muestran más propensos a sufrir catarros,
procesos gripales, alergias respiratorias o infecciones por herpes. Son antivirales y antibacterianas, y neutralizan la
acción de los radicales libres.
La mejor forma de disfrutar del aroma y delicadeza de la naranja
es tomándola al natural, como fruta de sobremesa. Pero también se puede
aprovechar en la cocina.
La ralladura de naranja puede sustituir a la de limón en muchas
recetas como natillas, budín de leche, etc. Los gajos se pueden agregar a
ensaladas con berros, endibias, remolacha, cebolla roja, canónigos, escarola y
otras frutas.
Al cocinar, tanto si se trata de postres dulces como de platos
salados, se pueden especiar con canela,
cardamomo o jengibre
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