Esta Leyenda encuentra su origen en la Ciudad de Córdoba, Estado de Veracruz, México hacia finales del siglo XVII. Ésta historia hace alusión a una hermosa mujer que habitaba en uno de los montes más altos de la periferia de la ciudad.
La Leyenda cuenta que esta mujer realizaba curaciones a los enfermos con una gran variedad de hierbas y en ocasiones siguiendo algunos rituales, obteniendo siempre buenos resultados, sanando a aquellos que acudían a ella de sus enfermedades físicas de algún mal de amores.
Poco a poco fue adquiriendo fama y prestigio gracias a sus dones curativos, sin embargo lo que más llamaba la atención era su extrema belleza, capaz de cautivar a cualquier varón que la mirase, por ello se llegó a decir que "la mulata", como era conocida, era algún tipo de bruja o hechicera.
La fama de su belleza era tal que pronto llegaría a los oídos del alcalde de la ciudad don Martín de Ocaña, quién se dio a la tarea de buscarla, solo para quedar prendido de ella una vez que la hubo encontrado. Desde ese momento aquél hombre comenzaría un obsesivo y malsano cortejo hacia la muchacha intentando comprar su amor por medio de costosos obsequios que constantemente le enviaba con la esperanza de que ella accediera a recibirlo y desde luego, a salir con él, sin embargo la respuesta que siempre obtenía era contraria a sus deseos ya que "la mulata" enviaba al mensajero con los presentes de vuelta junto con su firme negativa a las peticiones del alcalde.
Así transcurrieron algunos meses, la respuesta y las acciones de la mujer siempre eran las mismas y la paciencia del alcalde se iba agotando, transformando su pasión obsesiva en una creciente frustración que se iba tornando a su vez en odio y rencor, hasta que finalmente ésta se agoto dando paso a una ira de impotencia al no poder doblegar ni un poco la voluntad de aquella mujer.
Motivado por su rencor y con el afán de hacer pagar a la hermosa mujer por su desprecio, Ocaña acudió ante los oidores del Santo Oficio para acusar a "la mulata" de brujería, argumentando que la misma lo había hechizado al haberlo obligado a beber un brebaje destinado a hacerle perder la razón y para que únicamente tuviera ojos para ella. Ante estas acusaciones y gracias a los altos fueros de Ocaña, esa misma noche la guardia se hizo presente en la humilde casa de la hermosa mujer, haciéndola presa al instante para llevarla por la fuerza a una oscura y húmeda celda de la cárcel de San Juan de Ulúa.
El hecho de que la supuesta víctima de "la mulata" fuera el propio alcalde de la ciudad de Córdoba llevó a que su proceso fuera expedito, condenándosele a morir quemada en la hoguera con leña verde en la Plaza Principal ante todo el pueblo.
Así que la noche previa a que se cumpliera la condena, la hermosa mujer pidió un gis al guardia apostado a las afueras de su celda, accediendo este a su petición por no considerar que este pedazo de tiza pudiese ser útil para otra cosa que no fuese escribir o dibujar en la pared.
Con el gis en sus manos "la mulata" se puso a dibujar de un enorme buque, con la velas desplegadas en todo lo alto y que surcaba el océano con libertad absoluta, apenas hubo terminado llamó al guardia para que contemplara su obra, éste quedó atónito ante la precisión de los trazos y el detalle mostrado en el dibujo, al notar su asombro la hermosa mujer le pregunto al guardia: "¿Qué es lo que le falta a mi barco?"
Tras escudriñarlo por unos segundos, el guardia respondió: "Que navegue".
Ante esa respuesta la mujer no pudo disimular la pequeña y maliciosa sonrisa que se dibujo en sus labios, dando un par de vueltas "inocentes" al rededor de su celda dijo al guardia tranquilamente mientras saltaba al dibujo: "Mira como navega".
El guardia no podía dar crédito al ver como la mujer desaparecía al chocar con el muro, se apresuró a abrir la reja de la celda, no obstante una vez que estuvo dentro solo alcanzo a percibir como el dibujo del barco se alejaba, sin dar crédito a la imagen de "la mulata" ahora dibujada que parecía decirle adiós con la mano desde la popa del barco, hasta que éste finalmente desapareció, sin que jamás se volviera a saber nada de aquella hermosa mujer conocida como "La Mulata de Córdoba".

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